lunes, 8 de julio de 2013

El sentido de la identidad argentina desde Buenos Aires

El sentido de la identidad argentina desde Buenos Aires

Por Alina Tortosa      
Para  Revista Contrastes, España
Buenos Aires, 21 de enero, 2000

Quizá el cambio más radical en la percepción de un artista porteño en los últimos veinte años, sea el sentido mismo de la identidad.  Este cambio profundo, que tiene que ver con una vuelta de tuerca psicoanalítica, tiene también que ver con el pensamiento posmoderno que reconoce y admite las referencias a otras obras y las citas del trabajo de otros artistas como  parte de la investigación y del proceso creativo de un artista contemporáneo. La capacidad de aceptar las influencias y enseñanzas de artistas de generaciones anteriores, estableciendo un diálogo estético y conceptual con su obra se ha dado desde el final de los ochenta, lo que era impensable en el Buenos Aires de los años sesenta.    Lo que sucedía antes, la reacción en contra de la obra de  un artista de una generación anterior, negándole todo valor,  era también una forma de diálogo, no reconocida como tal, una discusión violenta en la que se repetían los mandatos freudianos de rebelión contra la figura paterna y una estructura de comportamiento que aún se sostiene en la política.

Este cambio tiene varias raíces.  Por un lado, irónicamente, fueron algunas de las muestras que se hicieron en el llamado Primer Mundo desde una  mirada euro centrista o norteamericano centrista, haciendo exposiciones para "promover" el arte latinoamericano, con criterios confusos y aleatorios  desde la intención implícita, pero no explícita, de acorralarlo en un espacio folklórico-político en el que el talento y la creatividad quedaban acotadas a lo anecdótico.  Esta voluntad de limitar al arte local dentro de un cerco teórico extranjero se vio reforzada  por críticos e historiadores locales, cuya mirada estaba condicionada por la necesidad de  ubicar la obra que veían dentro de cánones establecidos en los que las intenciones y los aportes de la América Latina no eran reconocidos como tales, sino como reflejo absoluto de un quehacer ajeno.   Esta situación se sigue dando en algunos enclaves locales de supuesto prestigio, que no ven la obra de artistas locales sino desde de la producción de los artistas reconocidos del Primer Mundo, o que viéndola no la valoran lo suficiente como para cuidarla, tanto desde una  curaduría respetuosa o tomando los recaudos necesarios para su cuidado material.  

Por otro lado, el apoyo económico a la cultura en la España posfranquista y en México en los años ochenta articuló un cambio en el polo de atracción que habían ejercido Europa y los Estados Unidos sobre los artistas argentinos.  El movimiento de peregrinación laboral hacia estos dos países reforzó la reflexión en la propia lengua desde otra mirada.  Y, si bien, como reacción se produce un acercamiento, a veces forzado, a las culturas amerindias, se empiezan a establecer parámetros más ligados al propio entorno.   Y, eventualmente, se distinguen esos artistas que eligieron forzadamente una relación con culturas que también le eran ajenas, de los que elaboraron proyectos con datos que tenían que ver con su lugar mismo de residencia  y con el entramado cultural en el que se habían formado.

Otro dato central a la apreciación de la obra de los artistas argentinos por artistas argentinos fue el silencio forzado y la falta de registro del hacer de los artistas durante el proceso militar (1976 - 1983).  Los jóvenes que se formaron en las escuelas y en los talleres de arte durante ese período no tuvieron acceso suficiente ni a datos formales, ni a la historia contada y discutida por las generaciones anteriores, lo que les enseñó a valorar esa información que les había faltado por encima de cualquier rebelión generacional.

La guerra de las Malvinas también fue un hito importante en la comprensión del lugar que ocupábamos en el mundo.   Si algunos porteños se sentían europeos antes del conflicto bélico del Atlántico Sur, los acontecimientos demostraron que para el resto del mundo somos argentinos y latinoamericanos.


En los noventa el problema de la identidad dejó de ser una causa en cuestión, como lo era antes en el Buenos Aires híbrido de extracción europea.   Y si bien la argentinidad misma ha sido un tema de uso y abuso desde el planteo estético de algunos artistas,  hoy  la obra de los artistas más interesantes se relaciona con cuestiones básicas de la vida cotidiana local actual y con historias de nuestro pasado que han influenciado nuestro presente político y nuestro perfil psicológico. 

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