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miércoles, 13 de noviembre de 2013

De lo esencial a lo intemporal: Livio de Luca


EL BORDE. Arte contemporáneo
Uriarte 1356 - Palermo Viejo
Inauguración sábado 9 de abril desde las 13 horas*
Hasta el 7 de mayo

De lo esencial a lo intemporal

La naturaleza efímera de los trabajos de Livio de Luca traduce en tono quedo y equilibrado la evolución de la luz y de la materia a través de un tiempo determinado, preferiblemente en un entorno ligado a su vida cotidiana, o representando el paisaje de su ciudad natal. El autor registra las distintas etapas de estos procesos en tomas fotográficas impecables.
Captar la luz, seguir su recorrido, comprender como se evade sin dejar rastros para aclarar otro espacio, son las instancias que diseñan esta muestra.  El sol se refleja en espejos que lo refractan en rayos de luz sobre el soporte en manchas luminosas temporarias, que se diluyen cuando la luz sigue su recorrido. 
Toda la obra de Livio se resuelve en esta tensión entre la percepción física de los elementos que componen la naturaleza y su evolución en el tiempo. Los sentidos del hombre captan en forma aleatoria estos cambios, estas situaciones en apariencia tangenciales, que hacen a la naturaleza de la naturaleza. Todo elemento natural es lábil, por lo tanto todo cambio físico y visual es parte del ciclo vital de estos elementos.  Su identidad visual es parte de su esencia ontológica, una parte importante para nosotros los espectadores de su devenir, pero no hace a la totalidad de su existencia. 
La luz del sol, la luz de la luna, montículos de arena húmeda, elementos vegetales aislados de la savia que los nutre, parecen diluirse en un entorno que no los sostiene, y no es así. El entorno fenoménico capta la energía que transmiten más allá de nuestra capacidad de percibirla. Estos elementos se nutren de la energía que los rodea tanto como ellos la nutren. Es un ir y venir, un intercambio, una de las formas esenciales de sobrevivir en el planeta tierra.
El aire y la tierra rescatan la esencia de estas visiones temporales que se suponen efímeras, y nosotros podemos captar, si prestamos atención, el sentido raigal y poético de una obra coherente en constante evolución.

Alina Tortosa

Buenos Aires, abril 2005

Back in the days: Jamel Shabazz


Back in the days  / on Hip Hop / photos by Jamel Shabazz

Text written by Alina Tortosa for the catalogue of the show that opened  at Dabbah-Torrejón Gallery in August 2003

The photos by Jamel Shabazz of the series published in Back in the days, a Power House Books edition, are an essay on the sense of identity of a group of young Afro American who found their place in the world in the streets of Brooklyn in the 1980s.

In spite of being the inheritors of the civil rights their parents’ generation had fought for, the youths in the photos, either for family reasons or because of their own shortcomings, were not part of the developing socio cultural system. As they had not achieved a specific place in American society at large, they looked for acknowledgement in their peers: other young people like themselves, who socialized in the streets.  Throughout this quest for an identity that would define them, a quest that renewed itself continuously, they generated a style of their own with roots in the rock and roll culture. This style had to do with a certain way of dressing, of moving and of relating to other members of the same social group. It showed that not only Black is beautiful, it could also be cool. They took their hints from sports clothes marketing, from ways of moving about –skates and motorbikes-, from the songs they listened to: rhythmic, catchy sounds, the words of which were the poetry of the moment and of their environment. They created, wove and articulated what was called Hip Hop.

History does neither forget nor forgive, history runs in the veins of people, even if they ignore it or have forgotten its texts. Those sons, grandchildren and great grandchildren of the violence exercised by the so called civilized society, were, eventually, victims of their own violence, of their own need to seduce, to control and of their hunger for power, a labile and precarious power.  A power that they tried to conquer through armed gangs that fought other similar armed gangs.  This provided exactly the opposite circumstances that would have allowed them to move forward into a larger context, to become part of a cultural background in which they would have felt culturally and affectionately acknowledged. 

Jamel Shabazz (1960, Brooklyn, New York) focused his lens on the eyes of these young people, capturing looks that go from joy to sadness to skepticism. He caught their body language, the gestures in which one may read the latent, rhythmic, graceful and natural energy, a biological inheritance of a people to whom dancing and singing were original cultural rituals, and the key to survival in their subsequent bondage.

Shabazz caught the proud poise with which they showed off their attires: caps, glasses, necklaces, huge earrings, watches, rings, t-shirts, Pumas and Adidas and radios. They were what they wore. Their clothes, their accessories identified them, distinguished them and created a link between them. They distracted them from their risky and sordid destiny.

He would go up to them respectfully and say: “Excuse me, brother, may I take your picture?” If he felt they distrusted him he would show them a photo album. If they agreed, he took their picture and then discussed life with them over orange juice. Photography to Shabazz was both and end: to record a way of life, as well as the means to relate to his models. He needed to establish a relationship, to create the possibility of interchange that would allow him to discuss their future with them. A future that few made and that many lost prematurely because of drug abuse and the use of arms. Crack was responsible for a large percentage of murders and imprisonment among the black men of that generation. It was also the time when AIDS appeared.

These deeply psychological, social and anthropological portraits are a relevant historical record.



(Back in the days, Dabbah-Torrejón, 1187, Sánchez de Bustamante. Until September 20).

En esos días del pasado: Jamel Shabazz


Texto del catálogo de la muestra Back in the days en Dabbah-Torrejón, agosto 2003

En esos días del pasado /sobre el Hip Hop / fotos de Jamel Shabazz


Las fotos de Jamel Shabazz de la serie publicada en Back in the days (En esos días del pasado), de Power House Books, son un ensayo sobre el sentido de identidad de un grupo de jóvenes afro americanos que encontraron su lugar en el mundo en las calles de Brooklyn en los 1980.

Los jóvenes de las fotos, a pesar de  ser los herederos de las libertades civiles que la generación de sus padres supo conseguir, no habían logrado, fuese por razones de origen familiar o propias, insertarse en el sistema socio cultural en evolución. Al no acceder a un lugar específico en la sociedad americana, su referencia inmediata fue el reconocimiento de sus pares: otros jóvenes como ellos, cuya vida social transcurría en la calle. A lo largo de esa búsqueda de  una identidad que los definiese, búsqueda que se renovaba continuamente, generaron un estilo propio, arraigado en la cultura del rock and roll. Este estilo se definió por una manera particular de vestirse, de moverse  y de relacionarse con otros integrantes del mismo grupo social. Demostraron que no solamente Black is beautiful, podía ser cool. Tomaron datos del mercado de ropa deportiva, de formas de desplazarse –patines y motos-, de las canciones que se escuchaban: sonidos rítmicos, pegadizos, en los que las palabras enunciaban la poesía del momento y de ese medio. Crearon, tejieron y articularon una forma de ser que se llamó hip-hop.  

La historia no olvida ni perdona, la historia corre por la sangre de la gente, aunque esta la desconozca o haya olvidado su letra. Estos hijos, nietos y biznietos de la violencia de la sociedad que se presumía civilizada, fueron, eventualmente, las victimas de su propia violencia, de su propia necesidad de seducción, de control y de su hambre de poder, de un poder lábil y precario. Poder que pretendieron conquistar con la formación de bandas armadas que lucharon contra otras bandas armadas similares y que resultó la contra cara de las circunstancias que les hubiese permitido trascender en un sentido más amplio e insertarse en un entorno cultural y afectivo que los contuviese realmente.   

Jamel Shabazz (1960, Brooklyn, Nueva York) captó con su lente las miradas de estos jóvenes que van de la alegría a la tristeza y el escepticismo. Captó su lenguaje corporal, los gestos en los que se lee la energía latente, rítmica, graciosa y natural, herencia biológica de un pueblo para el que la danza y el canto fueron rituales culturales originales, a la vez de claves de supervivencia en su posterior cautiverio. 

Shabazz captó el porte orgulloso con que mostraban sus atuendos: gorras, anteojos, collares, aros enormes, relojes, anillos, remeras, zapatillas Pumas y Adidas y equipos de música. Eran lo que tenían puesto. Su ropa y sus accesorios los identificaban, los distinguían y creaban un vínculo entre ellos. Los distraían de un destino azaroso y sórdido.

Se les acercaba con respeto  preguntándoles: “¿Perdón, hermano, puedo sacarte una foto?”. Si sentía que desconfiaban de él les mostraba un álbum de fotos.  Si aceptaban, les sacaba las fotos y después los convidaba con jugo de naranja mientras hablaban sobre la vida en general. La fotografía para Shabazz fue tanto un fin: el registro de una forma de vida, como un medio para relacionarse con sus modelos.  Necesitaba establecer un vínculo, crear la posibilidad de intercambio que le permitiese poder reflexionar con ellos sobre su futuro. Un futuro que algunos lograron y que muchos vieron interrumpido prematuramente por el consumo de drogas y el uso de armas de fuego. El crack provocó el porcentaje más alto de asesinatos y prisión entre los hombres negros de esa generación. Fue también el comienzo de la difusión del Sida.

Estos retratos de hondo sentido psicológico, social y antropológico son un registro histórico relevante.

Alina Tortosa
Buenos Aires, julio 2003

viernes, 1 de noviembre de 2013

Visiones entrañables

Buenos Aires Photo 2013  - Espacio  Foto Arte / Punta del Este
  
Visiones entrañables

Esta selección de artistas dibuja un panorama amplio  de la fotografía analógica contemporánea. Va de la percepción sensual y aguda de los retratos de Sara Facio (1932,  Buenos Aires) al juego poético y elíptico de la obra de Patricia Bentancur.  

La obra de Juan Travnik (1950, Buenos Aires) ampliamente reconocida, se concreta desde una mirada formal. Sus ensayos son el resultado de una investigación sistemática,  en la que a veces interfiere lo lúdico u onírico, como en el caso de las dos obras que se exponen hoy.

Jim Dow (1942, Boston, Massachusetts) enfoca los carritos que venden comida en la calle y  los espacios urbanos frente y dentro de los cuales transcurre la vida de una gran mayoría de los habitantes de las ciudades que visita. Le atraen esta capacidad descriptiva de la fotografía y el registro de lo banal y cotidiano.

Roberto Riverti (1954, Buenos Aires) esta vez expone fotos de las serie de los cines del pasado y fotos de niños jugando en un vagón abandonado o a la vera de las vías. En ambos casos su mirada rescata historias entrañables arraigadas en la memoria colectiva comunitaria. Como es habitual en su obra, su cámara se detiene sin prisa asumiendo el espacio, en el que el tiempo y la luz son los elementos esenciales. 

Brenda Hoffman (1975, Buenos Aires), complementa los rostros de los retratos  impresos sobre un fondo blanco con  líneas tenues dibujadas a mano. Obras sugerentes que podemos interpretar como la conjunción de la prosa y de la poesía.

José Risso (1970, Maldonado, Uruguay), siempre atraído por el paisaje rural uruguayo rústico, lo define, en esta instancia, a través del ombú,  cuyo nombre surge de una voz guaraní que significa sombra o bulto oscuro. Bellasombra, como también se lo llama, ha trascendido su destino botánico como elemento relevante en las pinturas de Pedro Figari y de Nicolás García Uriburu. José Risso lo retoma como un ícono trascendente de la campaña uruguaya.

De Oscar Pintor,(1941, San Juan, Argentina, vemos una mesa riñón decorada, que evoca el sentido del humor de este  artista formado en la arquitectura y el diseño. En sus conocidos interiores sanjuaninos su mirada detecta lo absurdo, lo abigarrado, o sencillamente lo doméstico, así como en sus tompe l’oeil y en tomas exteriores.

Las miradas de Alejandra Pizarnik y de  Julio Cortazar nos siguen atentas desde los retratos de Sara Facio, a la vez que nos conmueve la imagen de Jorge Luis Borges arrodillado en la Biblioteca Nacional, también de esta autora, maestra entre los maestros de la fotografía argentina.

Una figura de mujer de negro, de espaldas al público, su brazo izquierdo apoyado sobre la cintura, cruza los dedos de la mano convocando la suerte.  Este retrato de Patricia Bentancur  es quizá la imagen que mejor representa esta muestra, en la que el talento se define desde lo sensible,  la invocación y lo concreto. 

Alina Tortosa
2013  octubre   Buenos Aires